Recuerdos de un aviador
Al pasar los años sentía que mis recuerdos sobre el Principito se iban desvaneciendo, lo único que pasaba por mi mente era un resplandor y un extraño sentimiento que se asemejaba a la pérdida de una mascota o de un amigo de la infancia.
Tanto la rutina en la que se había convertido mi vida, viajando de un país a otro, entregando mensajes o paquetes, y el contexto tan gris que me rodeaba, convertían a mi niño interior en un hombre serio y con poco interés en descubrir nuevos lugares, dejando todos esos sueños y enseñanzas que hace un tiempo atrás un pequeño niño dejó en mí.
Muchos pensamientos empezaron a invadir mi mente, miraba las estrellas buscando respuestas para este sentimiento tan terrible que me invadía. Sin embargo sólo sentía más soledad y tristeza, por lo que pensaba que mi niño interior moriría definitivamente y yo simplemente sería como aquellos adultos que no entienden lo que es verdaderamente importante.
Una noche fría e iluminada por el brillo de la luna y las estrellas, mis ojos se fueron cerrando lentamente encontrándome en un sueño profundo, todo era muy confuso, estaba en un lugar nublado, borroso y una voz muy fina pronunciaba una frase que a pesar de estar tan cerca no podía entender por mas que lo intentara o repitiese dicha figura, apareciendo un resplandor que de inmediato me hizo despertar.
Mi frustración crecía inevitablemente, cada noche tenía este sueño que se volvía más confuso y frustrante; pensé en descifrarlo, buscar una razón lógica, analizándolo a través de fórmulas, buscando amigos profesionales o expertos en el análisis del subconsciente, pero nada de esto funcionaba, sino más bien lo empeoraba ya que en el sueño la figura nublada se iba alejando, así como también mi esperanza de poder entender que me quería decir.
Un día mientras paseaba note un jardín de rosas y el hombre que las cuidaba conversaba dulcemente con ellas, me detuve para observar y esa imagen fue tan familiar que mi mente de inmediato recordó con más claridad a aquella rosa, por la que el Principito estaba preocupado, cada detalle de nuestro encuentro se iba haciendo mas claro, los intentos por dibujar un cordero y me preocupación de no haberle dibujado una correa para que este no fuera a comerse a su rosa.
Seguí mi paseo pero ahora con una felicidad con la que podía saltar de la alegría, notando que aquellas calles por las que solía pasar ahora eran muy distintas, la luz se reflejaba en cada esquina, se escuchaban sonidos de aves y la brisa traía consigo una paz que calmaba mis angustias.
En un instante me veía recorriendo con gran entusiasmo y detallando hasta lo mas insignificante, dirigiendo mi mirada a un pequeño bar donde pude ver que cerca de una de las ventanas estaba sentado un hombre quien se encontraba solo y en silencio junto a varias botellas vacías. De inmediato recordé sobre aquel planeta que visitó mi pequeño amigo, donde conoció a ese bebedor quien lo dejó perplejo ante triste imagen.
Sin darme cuenta y asombrado de la claridad con que venían a mi las historias que una vez me contó el Principito, empecé a reflexionar y olvidar aquella angustia de estar envuelto en un mundo sin imaginación.
Al cruzar una de las calles mi atención se fijó en una mujer, muy glamorosa pero desde lejos se notaba lo vanidosa que era, tratando de que todos se fijaran en ella e impaciente por ser admirada, viendo así el parecido tan grande con aquel vanidoso que conoció mi amigo en el segundo planeta que visitó.
En un café cerca de varias oficinas, un grupo de empresarios vestidos con trajes negros y corbata llevaban sus maletines, se sentaban en una mesa y comenzaban a sacar cantidades de papeles y cuentas, enfocados en contar cada moneda, señalaban errores y hablaban de cuanto poseían, de que cantidades guardarán en el banco, siempre con una actitud muy seria.
De regreso, en mi casa, sentado en el escritorio decidí dibujar, no estaba claro de lo que haría ni porque me sentía tan decidido a hacerlo, simplemente agarre un cuaderno con hojas en blanco, un lápiz y todo comenzó a fluir.
Al terminar observé cada dibujo que había realizado con una gran sonrisa, en ellos plasmaba cada detalle de mi Principito, en su planeta con la rosa, los volcanes y el cordero; él se veía feliz, mucho más grande de lo que recordaba, suponiendo que en todo este tiempo había crecido, sin embargo tenía esa imagen de que a pesar de verse mayor seguía siendo el mismo.
Tranquilamente fui a mi cama, ya sin preocupaciones ni desespero por saber sobre aquel sueño, debido a que en mi mente estaban todos esos recuerdos que tanto añoraba.
Cerré mis ojos y de inmediato quedé profundamente dormido y empecé a soñar, de nuevo veía ese lugar nublado y escuchaba la voz que no lograba entender.
Por un momento entre en pánico, pero luego recordé mi paseo de aquella tarde y sin darme cuenta el lugar nublado se fue despejando, ya lograba observar mayor parte y sabía donde me encontraba, veía estrellas, soles, lunas, todo semejante al espacio; vi hacia abajo y mis pies estaban descalzos sobre la tierra, muy cerca habían tres volcanes, un cordero comiendo un Baobab antes de que este creciera mucho o causara daños.
El Principito de mis dibujos, apareció de inmediato y sin poder decir nada, nos saludamos y abrió los brazos, dándome la bienvenida a su pequeño hogar.
Me encontraba entonces en el asteroide B 612, con mi amigo, las lágrimas corrían por mi rostro y él sólo se quedaba en silencio sonriendo, luego di un paso y a pesar de saber que estaba soñando, sabía que era real, mi Principito me había llevado con el para reencontrarnos y que conociera o viera por mi mismo todo lo que él trató de contarme la primera vez que nos conocimos.
No hablamos por un largo rato y a pesar de eso nos entendíamos, me dio un recorrido por el asteroide, me presentó a su rosa, la cual era verdaderamente hermosa. Nos sentamos y en el fondo esperaba que me revelara aquel mensaje que era tan confuso.
Al instante comenzó a hablar, me contó sobre nuevas aventuras y como se hizo amigo de los que vivían en los otros planetas, explorando lugares lejanos que recordaba con mucha emoción.
Me preguntó sobre mi plantea y que algún día le gustaría regresar. Terminamos por contarnos aquellos detalles de nuestras vidas, le dije de mi preocupación de perder al niño interior que tanto quiero. Me dijo que no me preocupara que él me ayudará a solucionarlo, por eso volvíamos a vernos.
Me preguntó sobre mi plantea y que algún día le gustaría regresar. Terminamos por contarnos aquellos detalles de nuestras vidas, le dije de mi preocupación de perder al niño interior que tanto quiero. Me dijo que no me preocupara que él me ayudará a solucionarlo, por eso volvíamos a vernos.
Por último y viendo la puesta de sol, me reveló aquella frase, la cual decía que no lo olvidara, que siempre estaría presente acompañándome en mis viajes, por lo que yo tenía que disfrutar y asombrarme de cada detalle, sin darle tanta importancia a cosas insignificantes.
El Principito me tomó de la mano y pude ver como el espacio nos rodeaba y el asteroide B 612 se convertía en un pequeño punto en el espacio, por lo que volvía a estar en mi casa, viendo hacia el cielo, las estrellas, contento por haber visitado ese hermoso lugar.
Ahora cada vez que viajo, me detengo a observar cada detalle, disfrutando paisajes y culturas que me llenan de conocimientos y aventuras.
Olvido las preocupaciones y la rutina, ayudando a muchas personas alrededor del mundo, contando a niños, jóvenes y viejos, sobre aquel niño que me cambió la vida, no solo una vez sino dos veces.
Narrando y enseñando en cada rincón de cada país, como deben seguir sus sueños, vivir aventuras y no perder su imaginación ni creatividad. Ser ingeniosos dibujando aquello que los adultos nunca entenderán.

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